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8 de julio de 2009
  “Nunca se ha tenido mayor seguridad alimentaria que ahora”
El subdirector general de Protección de la Salud de la Junta de Andalucía cree que las industrias alimenticias no ahorran en controles de seguridad porque sería ir en contra de su propio negocio

 

NOTA DE PRENSA

 

“Nunca se ha tenido mayor seguridad alimentaria que ahora”

 

El subdirector general de Protección de la Salud de la Junta de Andalucía cree que las industrias alimenticias no ahorran en controles de seguridad porque sería ir en contra de su propio negocio

 

Laredo, 8 de julio de 2009.- El subdirector general de Protección de la Salud de la Junta de Andalucía, José Antonio Conejo Díaz, aseguró que actualmente existen unos mecanismos de control que han permitido alcanzar un nivel de seguridad alimentaria “impensable” y señaló que el problema es que su trabajo sólo se conoce en situaciones de crisis como el caso de las vacas locas o la gripe del pollo.

 

Así lo aseguró durante su ponencia ‘La seguridad alimentaria: perspectiva del control oficial’ en la que analizó los controles de salud que se realizan desde el punto de vista de la Administración.

 

Conejo apuntó que “nunca se ha tenido mayor seguridad que ahora”, debido a que el método de trabajo actual analiza la integridad de la cadena, es decir, controla el producto desde que se empieza a elaborar la materia prima hasta el resultado final y además, se establecen puntos de control críticos que son analizados con minuciosidad.

 

Según explicó, debido a los medios de comunicación cualquier detalle o incidencia tiene una repercusión “altísima”, mientras que el control alimentario común y diario es “absolutamente desconocido”. Así, señaló que en Andalucía trabajan cerca de 1.000 personas, que diariamente acuden a mataderos, lonjas de pescado, toman muestras, hacen inspecciones, visitan establecimientos e industrias, etc.

 

“Eso es lo que no se conoce. En este ámbito de trabajo, lo que ocurre es como somos conocidos cuando las cosas van mal, mientras funcionan bien nadie sabe nada de los controles que realizamos”, matizó.

 

En opinión de Conejo, hay muchas variables que pueden provocar que los productos alimenticios estén contaminados. “Puede ser por un fallo humano del manipulador, cambios de nuevas tecnologías, el desarrollo de nuevos productos o, simplemente, porque a veces son peligros que se desconocen, como sucedió con las vacas locas, que no se sabía que había un agente capaz de producir una enfermedad”.

 

Respecto a que las industrias resten controles de calidad por ahorrar costes de producción, Conejo subrayó que la industria siente su propia “responsabilidad” porque, además de las fuertes sanciones que se le pueden imponer, es consciente de que “es la primera interesada”, ya que un caso de producto contaminado puede repercutir muy negativamente en su propio negocio al “tirar” una marca, con el dinero y tiempo invertido que eso supone.

 

En cuanto a los productos que se importan de otros países como China, el subdirector señaló que “debemos estar tranquilos” porque todos esos productos tienen unas barreras de control “tremendamente estrictas”. En este sentido, destacó que “un producto no puede entrar por cualquier rincón del país, sino que tiente que entrar por un punto de inspección fronteriza, donde hay unos profesionales que analizan su salubridad”.

 

Además, recalcó que hoy en día existen unos sistemas de comunicación entre países que ante cualquier peligro automáticamente la información circula por toda la Unión Europea.

 

Puntos críticos

 

Según apuntó Conejo, a partir de principios de los años noventa, se desarrolló una nueva metodología de trabajo conocida como ‘control de puntos críticos’, por la que se estudia a lo largo de todo el sistema de fabricación del producto aquellos puntos donde pueden ocasionarse algún peligro.

 

En este sentido, explicó que antes de esta metodología el sistema que se empleaba era el muestreo del producto final, por lo que si se detectaba al final del proceso que el producto era peligroso para el consumo, las opciones que quedaban eran tirar el producto o volverlo a reprocesar.

 

Sin embargo, esta nueva metodología lo que hace es prever los problemas que se pueden provocar, de tal modo que al controlar todos aquellos puntos donde puede haber un peligro añadido, “tenemos la seguridad de que el producto final está limpio”.

 

 

FOTO: José Antonio Conejo, subdirector general de Protección de la Salud de la Junta de Andalucía.

 

AUDIO: AUDIO.mp3

 

  

 

 


 


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